martes, 9 de noviembre de 2010

Mis tardes con Margueritte. La ternura de Camus


Francia. 2010

Hay películas que dejan buen sabor de boca cuando uno sale del cine. Estamos ante una de esas.
Parece que al ir a ver cine francés el espectador se prepara para un derroche de extravagancia, cigarrillos, desnudos y rarezas. No es el caso, no se engañen.
Mis tardes con Margueritte es una comedia que entra fácil y se digiere sin problemas. Algunos dirán que es un drama aderezado con toques humorísticos, pero la presencia apabullante de Depardieu garantiza esa hilaridad sutil que siempre acompaña al actor en cada escena del largometraje. Incluso los momentos dramáticos se visten de humor negro gracias al ingenio del protagonista.
Depardieu encarna a Germain, un agricultor simplón que disfruta de la vida sin mayores pretensiones. Siente que le robaron la infancia; nunca conoció a su padre y su madre se mostró fría y distante cuando él era un niño. Ahora es un hombre adulto que cuida a sus amigos, ama a su novia y se apasiona con su huerto, pero su vida cambia la tarde en la que conoce a Margueritte. Ella es una anciana frágil y cultivada que descubrirá a Germain el placer de la lectura. Poco a poco entablan una curiosa amistad que les llevará a una simbiosis de la que los dos resultan altamente beneficiados.
Mis tardes con Margueritte es una historia de ternura, de sentimentalismo, de amor. Uno se acaba enamorando de sus dos protagonistas, le cautivan sus debilidades, le conquista su humanidad. Curiosamente es Albert Camus el autor con el que Margueritte va llevando poco a poco a Germain a su terreno. De manos de su particular nihilismo o filosofía del absurdo, los protagonistas entablan una relación basada en el apego y el cariño.
Cierto es que la cinta destila sentimentalismo en exceso y cierto es que el guión está hilado de manera clásica y previsible. Aún así, es una película que se ve con gusto, se disfruta y entretiene, que es al fin y al cabo, el propósito del Séptimo Arte. Una buena opción para tardes de domingo