USA. 2011Las ganas de ver "Un método peligroso" no me faltaban. El cine de David Cronenberg me convence, me encanta Vigo Mortessen cuando trabaja con él y admiro a Keira Knightley desde hace años, pero además de estas tres razones, me apasiona el psicoanálisis. Creo que Freud es una de esas grandes mentes capaces de marcar para siempre la sociedad en la que viven y fijar un punto de inflexión. Y aunque ahora sus teorías sean criticadas y denostadas desde innumerables puntos de vista, su pensamiento osado y revelador me seduce, llevándome al punto de querer analizar cada sueño que tengo.
Sin embargo, con un "Método peligroso" he sentido un poco lo que experimenté al ver "Ágora". Si de esta última esperaba una inmersión en las profundidades más recónditas de la Filosofía, con "Un método peligroso" tenía un apetito insaciable del psicoanálisis más puro. Y hambrienta me he quedado, como hambrienta me dejó "Ágora".
El guión trata de ser fiel a la historia, que se centra en el triángulo de relaciones que se crea entre el Doctor Jung, su paciente Sabina Spielrein y su admirado Sigmund Freud.
Pese a que las interpretaciones de los tres protagonistas son casi sublimes (los ataques psicóticos de Keira Knightley consiguen ese estado de claustrofobia y angustia que se les podía pedir) hay algo en ellos que no me los deja percibir como personajes completos. De Sabina sé que es desequilibrada y apasionada, de Jung que es débil e hipócrita, de Freud que es maduro y sabio. Pero... ¿son sólo eso? Algo no me deja llegar a conocerles del todo, a averiguar por qué son así, qué pueden sentir, cómo reaccionarían en otras circunstancias. Buscaba bucear en su inconsciente y me quedé en la superficie de los tres. Tal vez sea esa necesidad de contar la historia en orden cronológico, de seguir un guión y marcar el paso de los años, lo que haya llevado a Cronenberg a contarnos más el qué pasó y cuándo, que el porqué. Quizás haya sido el miedo a adentrarse en la ficción, el temor a suponer e imaginar demasiado, cuando se trata de una historia real, donde es posible documentarse y tratar de limitarse a unos hechos que son lo que son.
El largometraje quiere llevarnos a las profundidades más oscuras de la mente de Sabina, que descubramos sus deseos, sus fantasías, sus miedos... Y son los deseos, los miedos y las frustraciones de Jung los que acaban saliendo a la luz. Mientras tanto, somos testigos de la relación de Jung y Freud desde que se conocen hasta que deciden ponerle fin y de cómo Sabina interactúa con los dos, aportando sus propias teorías.
Cronenberg ha vuelto a marcar otra película con la dosis de instintos y pasiones que tan bien emplea, pero si consideramos el mundo infinito de posibilidades que ofrecía el tema del psicoanálisis a la hora de desnudar, destripar y estudiar en profundidad personajes, la verdad es que esperaba que llegase un poco más lejos en su inmersión en universos freudianos.





