
USA. 2008
La recientemente oscarizada Kate Winslet merece, sin lugar a dudas, tal honor, por el papel que magistralmente va construyendo en la película que nos ocupa.
La historia transcurre en la Alemania nazi, cuando el joven Michael Berg, interpretado por David Kross, se siente enfermo por la calle. Hannah Schmitz (Kate Winslet), una mujer de mediana edad, le ayuda a limpiarse el vómito y le acompaña hasta su casa, donde tiene que pasar meses de reposo hasta que está completamente recuperado. Es entonces cuando el joven decide acercarse a agradecer a Hannah su ayuda y los dos inician una tórrida historia en la que la pasión sexual y el ideal romántico se entretejen en una complicada relación que no es aceptada socialmente. Hannah disfruta pidiéndole a Michael que le lea fragmentos de los libros que él estudia en clase. Los dos se ven subyugados por una pasión irracional y sin futuro, y tras varios episodios de celos y una nueva oferta laboral, Hannah desaparece repentinamente sin decir adiós.
Años más tarde, Michael es estudiante de Derecho y se reencuentra con Hannah al asistir a unos juicios como oyente. Ésta va a ser juzgada, debido a que en el pasado trabajó en Auschwitz, para las SS. Michael se enfrenta a una inquietante desazón motivada por la acumulación de sentimientos contradictorios. Por un lado, sigue apreciando a Hannah, que es la única sincera entre las varias acusadas nazis, pero por otro lado, no puede asimilar los hechos de los que ella es responsable. Ante él se plantea un dilema que le causara innumerables quebraderos de cabeza y marcará para siempre el futuro de ambos.
La trama se desarrolla lenta pero consistente, con varios saltos en el tiempo que pueden desorientar al espectador. Esta lentitud argumental es la que permite la creación de personajes bien construidos con caracteres complicados y emociones creíbles.
Hannah Schmitz es un personaje lleno de matices que hubiera resultado demasiado simple en manos de otra actriz, pero la británica le saca todo el jugo a la compleja carcelera y aún siendo terrible, la convierte en humana ante los ojos del espectador. David Kross, por su parte, realiza una transición más que convincente del enamorado quinceañero al atormentado universitario, desbordando naturalidad en cada minuto del largometraje. El toque final viene de la mano de un Ralph Fiennes, que como siempre, realiza una interpretación impecable de un Michael Berg adulto.
Pero más allá del excelente trabajo actoral, lo mejor de la cinta es la osadía a tratar desde un punto de vista carente de moralina dos cuestiones ya de por sí polémicas: Las relaciones de una adulta con un adolescente y la responsabilidad individual en los crímenes del holocausto nazi. Sólo por este cambio de perspectiva, merece la pena ser vista.
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