domingo, 25 de octubre de 2009

Ágora. Al encuentro de la razón


España. 2009

Ágora es un largometraje que antes de ser visto ya ha conseguido crearte expectativas. En mi caso, varias opiniones diferentes me hacían esperar una historia lineal, repleta de infinitas e inteligentes reflexiones filosóficas. No lo encontré, pero tampoco encontré una decepción.
Ágora trata sobre la vida de Hipatia, a quién su padre crió libre para que su único amante fuera el conocimiento. Hipatia dedica su vida a dar clases a sus discípulos, con los que se cuestiona las verdades humanas y lo que existe más allá de las estrellas.
Mientras tanto, el creciente movimiento cristiano se mueve hacia el fundamentalismo y la intolerancia, exigiendo la aniquilación de los otros tipos de culto que conviven en el Imperio. La creciente tensión llevará la guerra a las calles y provocará la destrucción del tesoro de la Biblioteca de Alejandría.
Hipatia aparece ante nosotros como una mujer apasionada y a la vez racional. Le obsesiona obtener la respuesta a una teoría heliocéntrica que no acaba de llegar a definir del todo. En su búsqueda del conocimiento, rechaza tanto el amor de su alumno Orestes como el de su esclavo Davo.
Hay tres cosas que se echan en falta en Ágora. La primera es una profundización en los razonamientos filosóficos de Hipatia. Aunque se sabe poco de aquella intelectual antigua, Amenábar introduce diálogos comprensibles para párvulos que difícilmente podrían corresponderse con los de la maestra. También existe poca variedad en las localizaciones. Cierto es que la construcción de decorados se ha realizado de manera sublime, pero la magia de Alejandría sólo era capaz de evocarse realmente mostrando algo más de aquel mundo antiguo que queda ahora tan lejano. Y por último, la simplicidad del guión, que podría haberse visto aderezado con un poco más de acción y conflicto en la trama.
Aún así, Rachel Weisz está perfecta y en general, la interpretación de todos los actores es bastante creíble, destacando la de Oscar Isaac, en el papel del prefecto Orestes.
Ágora deja buen sabor de boca, el que puede dejar cualquier producción bien hecha. Es capaz de transportarnos a la magia del pasado con una perfección incuestionable en la manera de ser rodada, pero al final, llegas a sentir que le faltaba algo. Es difícil establecer una comparación en la filmografía de Amenábar ya que cada película tiene una identidad propia muy distinta de las otras, pero desde mi modesta opinión, Ágora es la menos lograda y lo es porque la forma prevaleció al fondo.

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