Estados Unidos. 2009
No sé porque algunos insisten en evitar spoilers en esta película. No puede haber spoilers. Simplemente, es imposible. Avatar es una fábula de la que ya conoces el final. Los buenos, son muy buenos; los malos, muy malos y la historia ya la has escuchado cientos de veces desde diferentes perspectivas.
Muchos argumentarán que se trata de un festival inacabable de tecnología y efectos
sorprendentes y que en esto, la obra de James Cameron va sobrada, es alucinante, te deja sin palabras. Bien, es cierto, y por ello merece la pena ir a verla. Sin embargo, no puedo evitar recordar la trilogía del Señor de los Anillos y establecer comparaciones. La maestría técnica aunada con el talento imaginativo de Tolkien produce resultados sublimes. A su lado, los guionistas de Avatar (El mísmisimo Director, en este caso) no pueden nada más que darme risa.
Está bien. Ni es un documental, ni se trata de cine de ensayo, pero... ¿No podían haber logrado un relato un pelín más complejo dado que se trataba de la película más cara de la historia del cine? ¿Desde cuándo la forma debe predominar al fondo? Para mí, contemplarlo de esta manera no es otra cosa sino decepcionante.
Los diálogos derrochan moralina americana en un discurso que recuerda la estética de la factoría Disney. De hecho, al poco tiempo de que empezara el largometraje no pude evitar evocar a la esbelta Pocahontas y su amado forastero John Smith. Incluso Pocahontas tiene más mérito en lo que al guión refiere puesto que se decidieron a darle un final atípico e impredecible, alejado completamente de lo que nos ofrecen los cuentos de hadas.
Alguien me decía que lo que nos vendían era un discurso de Al Gore y es bien cierto. El mensaje es ecologista y antibelicista, muy digno en su esencia, pero carente de toda complejidad y reflexión en el modo en el que se nos presenta.
Ahora que estoy llegando al final, me doy cuenta de que mis palabras suenan demasiado duras, y tal vez sea cierto. Hay que ir al cine, y hay que verla. El espectador no se sentirá estafado y pensará que ha hecho bien comprando su entrada. También sentirá que esa historia ya se la han contado antes y no puedo alejar la idea de que la producción más cara de la historia merecía un esfuerzo mayor. Un guión más complejo sí la habría convertido en una verdadera obra maestra y no se quedaría en la traca de fuegos artificiales que al fin y al cabo, es.
Habrá q ir a verla...
ResponderEliminarDisfrutar todo ese despliegue de fuegos artificiales y por supuesto criticar el guión si fuera el caso, porque no hay críticas duras, sino meras opiniones personales...
Y ahí cada cual...
No discrepo. El guión es muy simple, y la sensación de haber visto esa película antes demasiado frecuente. El malo no está logrado, de puro estereotipado que aparece, y Sigourney Weaver se nos antoja como una mezcla de la teniente Ripley y Jane Goodall. En cuanto al protagonista, en mi opinión es un actor frío, que no transmite nada. Eso sí, la piba esa de color azul está como un tren.
ResponderEliminarMe encantas, Soulguy, a tu lado soy una ignorante del cine, pero siempre seré una amante de las buenas historias, cuánto más dramáticas, mejor :D
ResponderEliminarCarol, ya me dirás que piensas cuando la veas. Aunque para una ecologista como tú, la naturaleza del planeta que ha creado James Cameron va a ser flipante y el rollo Green Peace va a inclinar mucho la balanza para ti, estoy segura, pero ya me diréis
ResponderEliminarEstoy bastante de acuerdo con tu crítica.
ResponderEliminarPienso que teniendo los medios y las posibilidades de que dispone Cameron, se podría haber hecho una obra maestra si existiese un pelín de contenido menos infantiloide y más comprometido.
Pero claro, la opción más suculenta es que te importe una mierda todo excepto reventar la taquilla y convertirte la peli en la más taquillera de la historia.
Es una pena... Me gusta tu estilo, Bittersweet!